Me faltó muy poco, pero muy poco, para no asistir a este espectacular Trail de Grazalema, el cual quedé prendido el año pasado, y es que es para hacerla una y otra vez. Pero eso sí, sigue teniendo un nivel técnico importante y con una dureza nada despreciable.Teniendo una distancia de24 km y un desnivel + de 1500 recorre el trazado corto y se desvía hacía el pico Coros pasando por el Embalse
de El Fresnillo, desde allí las vistas son espectaculares.
Una de las razones por la cual no iba a participar era por lo tardía que fue este año la apertura de la inscripción, casi tres semanas antes, algo ilógico para este tipo de eventos, que provocó que muchos corredores no partiparan a falta de poder prepararla de forma digna, y las otras razones eran de mayor peso:la rodilla izquierda hasta el miércoles no mejoró, y me planteaba la duda de parar o hacer un poco de esfuerzo y quitarme el gusanillo. Y por último , y no menos importante, el viernes, dia anterior a la prueba, tuve una gran cena de familiar, quedandome dormido sobre las 3.00 de la madrugada y levantándome a las 6.00 para tirar a Grazalema. Cuando me desperté de forma automática a las 5.50 pensé que lo más lógico era no ir...y cuando iba cayendo de nuevo en el sueño más profundo me levanté de un respingo...a las 6.15 y dije...¡Arriba!
Camino del Pico del Coro.
Llegué bien de tiempo, me dio tiempo a calentar y preparame, veía muchas menos personas que la edición del año pasado, una pena porque el día acompañaba. La ruta media y la de promoción salían de nuevo juntas a las 9:15, sigue siendo un acierto. Viendo las "pintarracas" de algunos, decidí de forma directa ponerme el último para no molestar a ningún corredor.
El ambiente a primera hora era escaso pero
en pocos minutos.
Gran ambiente en la salida.
Ahí estoy casi el útlimo o el penultimo en salir.
Mientras que la rodilla cogía calor, llegamos a los llanos, estaba más seco de lo que esperaba por lo que el camino se volvía más seguro pero ya sabemos la cantidad de piedras que hay en aquella zona.Comenzamos la segunda ascensión hacia el Puerto del Boyar, donde me quedé sin referencia, sin nadie por delante ni por detrás.. Siendo 112 personas en la modalidad media es lo que se intuía.
Llegando a los Llanos del Endrinal.
Vistas espectaculares.
Aprovechamos una foto con el Gran Peñón de fondo.
En el primer avituallamiento comencé a ver más personas y pequeños grupos dos o tres. Ahí me lancé hasta bajo con rapidez adelantando a unos 10 corredores, que sé que después me iban a coger, pero aquí es donde tengo que aprovechar para no quedarme muy descolgado. Mientras bajaba a 4.15 por la gravilla, pensaba en que la rodilla ya no me dolía, pero lo importante era que no me fallara.
Finalizando el camino que va pegado al Guadalete y cruzando la carretera hacía la izquierda nos desviamos para subir al embalse del Fresnillo, donde se divisan grandes vistas y comienza un aperitivo de lo que va a venir.
En el camino me encuentro a un grupito de chicos más jóvenes que yo, me comentan que les encantaba mi visera, que es muy del "Cádiz", el chico que iba uniformado con la elástica amarilla, le dije un: "ome por favó, si es la Visera Tricaletera, esto es de Cadi,Cadi". De esta manera le informé cómo y dónde se podía adquirir a través del gran Oscar el Tricaletero, máximo exponente de la marca.
En el camino me encuentro a un grupito de chicos más jóvenes que yo, me comentan que les encantaba mi visera, que es muy del "Cádiz", el chico que iba uniformado con la elástica amarilla, le dije un: "ome por favó, si es la Visera Tricaletera, esto es de Cadi,Cadi". De esta manera le informé cómo y dónde se podía adquirir a través del gran Oscar el Tricaletero, máximo exponente de la marca.
Subida al Embalse del Fresnillo
tras pasar el Puerto del Boyar
Vista espectacular desde el embalse desde
Grazalema.
Pasado el embalse, voy al segundo avituallamiento, donde aprovecho para beber y tomar algún plátano, y comenzamos un camino muy técnico en bajada, y que por suerte tenía menos que el año pasado.
Aquí tomo de referencia a tres o cuatro personas, que me adelantan y que adelanto dependiendo del terreno al que nos enfrentábamos, arroyos y caminos espectaculares nos hacían preparar las piernas para la espectacular subida al Cerro Coros, la cual aconsejo a todos ver alguna vez en su vida.
La tranqulidad, la soledad, la naturaleza,
la superación, la belleza, tantos elementos.
Pero con paciencia, control físico y mental pude llegar por fin llegué a esos deliciosos 1328 metros de Cerro de Coros, dónde quedaba abajo el Puerto de las Palomas.
Allí disfruté de mi ratito y de mis fotos, no es para menos, habamos de casi algo más de una hora ascendiendo con una inclinación en algunos tramos que te obliga a pensar por dónde coger para no quedarte en el sitio. Algunos en plena ascensión se paraban, le daban bajones, fatiga, etc.
Ya comenzaba a notar el cuerpo cansado, físicamente y mentalmente, aparecía el sueño y la falta de concentración. La bajada desde el Puerto de las Palomas es de gran belleza pero muy técnica, comenzó el calzado a bailarme mucho por detrás. No me notaba el tobillo bien sujeto, ni el talón, las zapatillas van llegando a su fin y ahora si que lo estoy notando. Correr entre piedras que ruedan mientras que bajas necesita un calzado seguro. Visto el terreno, sin referencia trasera ni delantera de nuevo, aflojé bastante, por lo que la precacución y la falta de técnica en bajada hizo ganar al riesgo.
Llegado al penúltimo avituallamiento , los cuadriceps están bastante cargados, y decido tomar unas sales sabiendo lo que me quedaba. Corro tranquilo por el sendero ancho notando algo de rigidez en las articulaciones de los tobillos, adelantando a tres o cuatro corredores que deciden ir andando. Veo el tiempo, y pienso que quizá hasta mejoro el del año pasado, pero no.
A medida que nos vamos acercadando a los últimos 5 km de meta, llega ese final hasta el embalse que se hace un infierno. La temperatura a casi 22 ó 23 grados al sol, esa inclinación tan abrupta, ese camino tan incomodo...Veo como delante de mi algunos se retuercen a un ritmo de tortuga infernal, el mismo que tenía yo y otros tantos. Y es que sabes que estas ahí, pero el tramos final ta va dejando en el sitio. Muchos comienzan con calambres y se recuperan a duras penas. Y es que ese tramo de casi 4 km se realiza en casi 50 minutos, un desespero en toda regla.
Y llega el último avitualliento, sabes que te queda un buen repecho y descender, pero las piernas van cargadas y aquí el ánimo supera todo. Paso el embalse, hago una subida muy dura y después para abajo, llegando a la carretera camino de Grazalema. Aquí, no como el año pasado, no me vuelvo loco corriendo, voy trotando de forma suave, disfrutando de las calles y de los ánimos de algunos y entrando realmente feliz en una prueba que es digna de hacerla todos los años.
Allí disfruté de mi ratito y de mis fotos, no es para menos, habamos de casi algo más de una hora ascendiendo con una inclinación en algunos tramos que te obliga a pensar por dónde coger para no quedarte en el sitio. Algunos en plena ascensión se paraban, le daban bajones, fatiga, etc.
Primeras vistas del Pantano de Zahara.
Y ya quedaba menos.
Fotos cedidas. Las imágenes hablan por si solas.
Espectáculo.
Ahí está el tío.
Llegado al penúltimo avituallamiento , los cuadriceps están bastante cargados, y decido tomar unas sales sabiendo lo que me quedaba. Corro tranquilo por el sendero ancho notando algo de rigidez en las articulaciones de los tobillos, adelantando a tres o cuatro corredores que deciden ir andando. Veo el tiempo, y pienso que quizá hasta mejoro el del año pasado, pero no.
A medida que nos vamos acercadando a los últimos 5 km de meta, llega ese final hasta el embalse que se hace un infierno. La temperatura a casi 22 ó 23 grados al sol, esa inclinación tan abrupta, ese camino tan incomodo...Veo como delante de mi algunos se retuercen a un ritmo de tortuga infernal, el mismo que tenía yo y otros tantos. Y es que sabes que estas ahí, pero el tramos final ta va dejando en el sitio. Muchos comienzan con calambres y se recuperan a duras penas. Y es que ese tramo de casi 4 km se realiza en casi 50 minutos, un desespero en toda regla.
Y llega el último avitualliento, sabes que te queda un buen repecho y descender, pero las piernas van cargadas y aquí el ánimo supera todo. Paso el embalse, hago una subida muy dura y después para abajo, llegando a la carretera camino de Grazalema. Aquí, no como el año pasado, no me vuelvo loco corriendo, voy trotando de forma suave, disfrutando de las calles y de los ánimos de algunos y entrando realmente feliz en una prueba que es digna de hacerla todos los años.


















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