jueves, 22 de agosto de 2019

VI TRAIL MOON BARBATE






Inmersos en la corriente de la dejadez deportiva, de la cual de disfruto cada verano, así como la ampliación de los centímetros de mi cintura, el presente periodo estival estaba dando condicionantes para hacer algo más de “deporte” de lo habitual,  y no dudar ni un ápice en participar en mi tercera edición de la espectacular Trail Moon de Barbate.

El CBR COELHOAHÍ se dejo sentir con todo su esplendor, como no iba a ser de otra forma. Así este grandioso club deportivo tuvo la suerte  de tener, ni más ni menos, la partipación de un componente, el resto estuvo animando desde los rincones más insólitos del planeta.


 Mirador de Trafalgar.Caños de Meca.

Tuve la suerte de “prepararla” en tres semanas, las cual se tradujeron en tres sesiones semanales; una para realizar  6km a ritmos rápidos, otra sesión de 8km de cuestas y escaleras, y una tirada larga que realizaba los domingos o lunes a ritmos muy aeróbicos , y dependiendo de dónde me cogiera. ¿Poco entreno? Sin duda, pero este es el verano que más me he preparado, así que “fíatetú”.


Lo primero que me sorprendió fue el levante en calma que se daba, rozando los 28 grados para la salida, demasiado calor para hacer deporte.
Este año tuve más  problemas para aparcar, y eso que llegué con una hora de antelación, fue desesperante. Ese tiempo se redujo en media, lo justo para recoger el dorsal, volver al coche y prepararme.

Siempre surgen dudas.


¿Se estará mejor corriendo o en la playa?
Está claro que lo segundo. 


 A unos minutos de la salida, zona trasera
donde se colocaban los senderistas.


 Zona delantera.



Todos los años tengo la suertede encontrar a conocidos, amigos y compañeros, pero este año nada de nada, ni de vista. Me puse a hacer unas cuantas fotos de la salida,  y me ubique en mi zona. Me percaté que me había colocado muy atrás, tan atrás que si echaba la mirada tenía a los senderistas casi pegados, en definitiva, no tengo remedio, ahí me quedé con diez o veinte personas detrás mía. No es que vaya adelantar mucho por colocarme en una zona más avanzada, pero un grupito de corredores si que me hubiera podido quitar, sobre todo sabiendo lo que hay al inicio, donde te dejas llevar completamente por el ritmo de la mayoría.

 Ya tenía calor y aún no había comenzado.
 

No recuerdo si el año pasado salimos más tarde, pero había más luz, el foco no lo encendí hasta casi la mitad de la carrera y la visera Tricaletera me vino genial en los sudores iniciales, medios y finales, así como freno de  alguna que otra rama de pino y mosquito trompetero que quedo accidentado ante tal visera.  Aunque cuando se cerró la noche provocó una sombra extraña y un efecto óptico más perteneciente a Cuarto Milenio.

 Imagen de incio, 
publicadas por el colaborador Agustín.

El recorrido pienso que fue igual que el año pasado, quizá, con algúna modificación muy leve, este aspecto no lo tenía claro. El ascenso inclinado al principio, con mucha arena, y filas interminables de atletas, aunque cuando no te dabas cuentas ya estabas en los 400 / 500 metros que tenían de altura la Breña. 


Las zonas estaban perfectamente balizadas y con ayudas extras de muchos colaboradores, creo que era difícil perderse, a no ser que te quedaras muy solo y perdieras el sentido de la orientación.



Tras la subida, la arena se hacía un poco pesada en las piernas, pero me encontraba cada vez mejor y más “rápido”, controlaba el agua que no me faltara ya que el calor era severo, no corría el viento, y los mosquitos jugaban a elegir a quién picar. Algunos corredores lo pasaron realmente mal con ese aspecto. Comencé adelantar a pequeños grupos, pero de una forma muy pausada pero progresiva, miré el tiempo y tenía buena pinta, incluso veía posibilidad de mejorar unos 5 ó 10 minutos mi tiempo del año pasado, cosa que me da bastante igual si se consigue o no, pero si se hace mejor que mejor.

Pero llegó la zona de Caños de Meca, aún con luz, con una puesta de sol acabada de sumergirse, y me dije: ”¡qué haces corriendo!”. No había nadie contemplando aquella maravilla, y me paré, al igual que otras veces en otras carreras. Me paré para recrearme, para beberme la imagen, para sacar el móvil, para grabar un vídeo, para vacilar de aquel sitio, me paré casi 7 minutos, a disfrutar. Tal efecto provocó que otros corredores hicieran lo mismo, algunos de forma fugaz, otros ni giraron sus cabezas, otros se quedaron prendidos como yo...

 Y allí me quedé disfrutando mientras
que pasaban los corredores, y otros
se asomaban a ver el espectáculo.

Y sí, me puse a  correr de nuevo, me costó por la parada de ritmo, pero enseguida me puse las pilas y llegué a la Torre del Tajo, con un bullicio exagerado; senderistas, excursiones, una feria en toda regla. Quedaba la parte más rápida, pero no la hice al 100%. El año pasado estuve a punto de caer tres veces, y esta vez fui más precavido, también llevaba las zapatillas colapsadas de arena y me resultaba bastante incomodo presionar las puntas de los pies contra la arena y esta a su vez contra la punta de las  zapatillas.


 Fotaza desde la Torre del Tajo de Juan Daza.
Espectacular.

En el descenso no veía a corredores, solo senderistas o eran corredores que habían dejado de correr, muy agrupados y tenía que ir haciendo zig-zag.


  Poco que decir, ¿no?

Ya en la entrada del muelle veo a una pareja que van a buen ritmo, nos queda unos dos kilómetros, y uno de ellos por la playa prácticamente, me da por dar un apretón y adelantar ambos  y lo consigo...Pero, ¿Dónde está la luna de la meta? La luna que observaba en los últimos años y que se asomaba inmensa a ver como llegaban tantos locos, este año no estaba, seguía dormida, me dio rabia.

En el calentón final veo que el arco de meta está en las mismas tablas de la playa, no me lo  esperaba, y tampoco me gustó, no me fije ni en el tiempo  que hice en dicho arco pero si en el del reloj, tenía cierta confusión si era allí el final o en el paseo, fue un poco extraña la situación.

 Arco de meta, el  cual ha sido modificado.


Genial el pack  de recuperación de fruta variada que te dan al finalizar, espectacular el bocadillo de lomo, y mucho mejor la medalla de finisher, la cual ya ha sido ingerida, sí, ingerida literalmente al día siguiente de sus conquista.

Medalla de finisher, no es coña.
 
 Una premio para comérselo.


Caminé un poco para estirar las piernas, me encontré a Raquel y su pareja, y los saludé, y terminé metiendo el cuerpo en la Playa del Carmen, observando las luces que miraban desde Zahara y Atlánterra, y algunas del continente africano, y en medio del tal deleite  apareció la luna, con gana de trasnochar y acostarse al amanecer, una pena.

 Salida demasiado tardía.

Tras la publicación final de los tiempos oficiales, me quedé un poco sorprendido. No cuadraba para nada con el reloj, y eso que casi siempre coincide. Me salía un tiempo inferior al tiempo del año pasado, en el reloj no, y mis sensaciones fueran buenas, total, aspectos secundarios que te llaman la atención.
Después de esta purga en el cuerpo, toca planificar el año, y ver hasta dónde podemos llegar.

 Según datos oficiales.
Inscritos 712, finalizaron 625.
Puesto 398 de la general.
El 111 de 158 por categoría. 
Tiempo 1:54:24 a 6:39 km/m
PPM: Intensidad Alta.


 Datos diferentes en el reloj,
los cuales casi siempre
son coincidentes. 



VI Trail Moon Barbate, una carrera
para volver a repetir y con posibilidades
de mejora. 

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                        Planning anual 2019 / 2020