Inmersos en la corriente de la
dejadez deportiva, de la cual de disfruto cada verano, así como la ampliación
de los centímetros de mi cintura, el presente periodo estival estaba dando
condicionantes para hacer algo más de “deporte” de lo habitual, y no dudar ni un ápice en participar en mi
tercera edición de la espectacular Trail Moon de Barbate.
El CBR COELHOAHÍ se dejo sentir con todo su esplendor, como no iba a ser de otra forma. Así este grandioso club deportivo tuvo la suerte de tener, ni más ni menos, la partipación de un componente, el resto estuvo animando desde los rincones más insólitos del planeta.
Mirador de Trafalgar.Caños de Meca.
Tuve la suerte de “prepararla” en
tres semanas, las cual se tradujeron en tres sesiones semanales; una para
realizar 6km a ritmos rápidos, otra sesión
de 8km de cuestas y escaleras, y una tirada larga que realizaba los domingos o
lunes a ritmos muy aeróbicos , y dependiendo de dónde me cogiera. ¿Poco
entreno? Sin duda, pero este es el verano que más me he preparado, así que
“fíatetú”.
Lo primero que me sorprendió fue
el levante en calma que se daba, rozando los 28 grados para la salida,
demasiado calor para hacer deporte.
Este año tuve más problemas para aparcar, y eso que llegué con
una hora de antelación, fue desesperante. Ese tiempo se redujo en media, lo
justo para recoger el dorsal, volver al coche y prepararme.
Siempre surgen dudas.
¿Se estará mejor corriendo o en la playa?
Está claro que lo segundo.
A unos minutos de la salida, zona trasera
donde se colocaban los senderistas.
Zona delantera.
Todos los años tengo la suertede
encontrar a conocidos, amigos y compañeros, pero este año nada de nada, ni de
vista. Me puse a hacer unas cuantas fotos de la salida, y me ubique en mi zona. Me percaté que me
había colocado muy atrás, tan atrás que si echaba la mirada tenía a los
senderistas casi pegados, en definitiva, no tengo remedio, ahí me quedé con
diez o veinte personas detrás mía. No es que vaya adelantar mucho por colocarme
en una zona más avanzada, pero un grupito de corredores si que me hubiera
podido quitar, sobre todo sabiendo lo que hay al inicio, donde te dejas llevar
completamente por el ritmo de la mayoría.
Ya tenía calor y aún no había comenzado.
No recuerdo si el año pasado
salimos más tarde, pero había más luz, el foco no lo encendí hasta casi la
mitad de la carrera y la visera Tricaletera me vino genial en los sudores
iniciales, medios y finales, así como freno de
alguna que otra rama de pino y mosquito trompetero que quedo accidentado
ante tal visera. Aunque cuando se cerró
la noche provocó una sombra extraña y un efecto óptico más perteneciente a
Cuarto Milenio.
Imagen de incio,
publicadas por el colaborador Agustín.
El recorrido pienso que fue igual
que el año pasado, quizá, con algúna modificación muy leve, este aspecto no lo
tenía claro. El ascenso inclinado al principio, con mucha arena, y filas
interminables de atletas, aunque cuando no te dabas cuentas ya estabas en los
400 / 500 metros que tenían de altura la Breña.
Las zonas estaban perfectamente
balizadas y con ayudas extras de muchos colaboradores, creo que era difícil
perderse, a no ser que te quedaras muy solo y perdieras el sentido de la
orientación.
Tras la subida, la arena se hacía
un poco pesada en las piernas, pero me encontraba cada vez mejor y más
“rápido”, controlaba el agua que no me faltara ya que el calor era severo, no
corría el viento, y los mosquitos jugaban a elegir a quién picar. Algunos
corredores lo pasaron realmente mal con ese aspecto. Comencé adelantar a
pequeños grupos, pero de una forma muy pausada pero progresiva, miré el tiempo
y tenía buena pinta, incluso veía posibilidad de mejorar unos 5 ó 10 minutos mi
tiempo del año pasado, cosa que me da bastante igual si se consigue o no, pero
si se hace mejor que mejor.
Pero llegó la zona de Caños de
Meca, aún con luz, con una puesta de sol acabada de sumergirse, y me dije: ”¡qué
haces corriendo!”. No había nadie contemplando aquella maravilla, y me paré, al
igual que otras veces en otras carreras. Me paré para recrearme, para beberme
la imagen, para sacar el móvil, para grabar un vídeo, para vacilar de aquel
sitio, me paré casi 7 minutos, a disfrutar. Tal efecto provocó que otros
corredores hicieran lo mismo, algunos de forma fugaz, otros ni giraron sus
cabezas, otros se quedaron prendidos como yo...
Y allí me quedé disfrutando mientras
que pasaban los corredores, y otros
se asomaban a ver el espectáculo.
Y sí, me puse a correr de nuevo, me costó por la parada de
ritmo, pero enseguida me puse las pilas y llegué a la Torre del Tajo, con un
bullicio exagerado; senderistas, excursiones, una feria en toda regla. Quedaba
la parte más rápida, pero no la hice al 100%. El año pasado estuve a punto de
caer tres veces, y esta vez fui más precavido, también llevaba las zapatillas
colapsadas de arena y me resultaba bastante incomodo presionar las puntas de
los pies contra la arena y esta a su vez contra la punta de las zapatillas.
Fotaza desde la Torre del Tajo de Juan Daza.
Espectacular.
En el descenso no veía a
corredores, solo senderistas o eran corredores que habían dejado de correr, muy
agrupados y tenía que ir haciendo zig-zag.
Poco que decir, ¿no?
Ya en la entrada del muelle veo a
una pareja que van a buen ritmo, nos queda unos dos kilómetros, y uno de ellos
por la playa prácticamente, me da por dar un apretón y adelantar ambos y lo consigo...Pero, ¿Dónde está la luna de
la meta? La luna que observaba en los últimos años y que se asomaba inmensa a
ver como llegaban tantos locos, este año no estaba, seguía dormida, me dio
rabia.
En el calentón final veo que el
arco de meta está en las mismas tablas de la playa, no me lo esperaba, y tampoco me gustó, no me fije ni
en el tiempo que hice en dicho arco pero
si en el del reloj, tenía cierta confusión si era allí el final o en el paseo,
fue un poco extraña la situación.
Arco de meta, el cual ha sido modificado.
Genial el pack de recuperación de fruta variada que te dan
al finalizar, espectacular el bocadillo de lomo, y mucho mejor la medalla de
finisher, la cual ya ha sido ingerida, sí, ingerida literalmente al día
siguiente de sus conquista.
Medalla de finisher, no es coña.
Una premio para comérselo.
Caminé un poco para estirar las
piernas, me encontré a Raquel y su pareja, y los saludé, y terminé metiendo el
cuerpo en la Playa del Carmen, observando las luces que miraban desde Zahara y
Atlánterra, y algunas del continente africano, y en medio del tal deleite apareció la luna, con gana de trasnochar y
acostarse al amanecer, una pena.
Salida demasiado tardía.
Tras la publicación final de los
tiempos oficiales, me quedé un poco sorprendido. No cuadraba para nada con el
reloj, y eso que casi siempre coincide. Me salía un tiempo inferior al tiempo
del año pasado, en el reloj no, y mis sensaciones fueran buenas, total,
aspectos secundarios que te llaman la atención.
Después de esta purga en el
cuerpo, toca planificar el año, y ver hasta dónde podemos llegar.
Según datos oficiales.
Inscritos 712, finalizaron 625.
Puesto 398 de la general.
El 111 de 158 por categoría.
Tiempo 1:54:24 a 6:39 km/m
PPM: Intensidad Alta.
Datos diferentes en el reloj,
los cuales casi siempre
son coincidentes.
VI Trail Moon Barbate, una carrera
para volver a repetir y con posibilidades
de mejora.
Próxima entrada...
Planning anual 2019 / 2020












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