domingo, 22 de diciembre de 2019

VII TRAIL LAS PALOMAS



     
Con el tiempo justo de atarse las zapatillas, y de mala forma, comenzaba mi tercer periplo en unas las pruebas más bonitas de la provincia de Cádiz, y me atrevería a decir que hasta gran parte de Andalucía. Y es que el derroche visual, medioambiental, de belleza y dureza provocan que hasta los del furgón de cola disfruten como un niño pequeño en un charco.

Y esta vez llegué a lo justo, es de las pocas cosas que hago con cabeza, estar a tiempo antes de una prueba, pero aquí jugué mal con la salida de casa.

Aparcar en la espectacular población de Zahara de la Sierra, subir por el dorsal, llegar cansando “jajaja”, bajar, cambiarte, prepararte, mirarte, hacer pipí, ver que te falta...Y cuando ya estaba arriba de nuevo, Chito comenzó la cuenta atrás hacia el “cielo de los infiernos”. Diez segundos; ni calentamiento, ni los cordones bien atados, me perdí la foto inicial, y un poco más y me pierdo hasta la salida...Así que dos nudos rápidos, una pastilla en el suelo y comenzamos.

 Acabado de coronar el Puerto de las Palomas.
(Foto portada).

 Genial organización
 Llegué bien a la recogida del dorsal
pero me entretuve en demasía abajo.
 LLegando al punto de salida, a lo justo
 Cinco  segundos para salir.
Este año me perdí la foto oficial de salida,
una pena.  Foto de la organización.

Mismo recorrido, cerca de 31 km, de los últimos tres años. Un espectáculo. Unos 500 ó 550, no recuerdo exactamente.

Descendemos el pueblo y tomamos la orientación por senderos en anchos dirección Bocaleones y el Cerro Cambronero. Enseguida esa falsa subida, de falsa tiene poco, provocando que una inmensa mayoría ponga el freno de la carrera y comienza a caminar. Al ser mi tercera vez, ya tenía un planning mental del recorrido, aunque siempre hay alguna sorpresa o un “no recordaba yo esto tan duro”.

Nada más arrancar me propuse estar más concentrado que en la carrera del Albarracín; más atento a las pisadas, a no dejarme llevar por el cansancio rítmico, comer e hidratarme mejor. Un trabajo mental más positivo, sin tanta queja sin fundamento.

Por delante.
 Hay que olvidarse de correr, salvo primeros.
 Por detrás
 Si miramos muchos para abajo y no nos
detenemos a ver el alrededor
esta carrera no tiene sentido.


Comencé a tomar una marcha de ascenso llevadera, a un ritmo aceptable y me fui quitando un buen número de corredores, de los cuales muchos me pasarían más tarde, y al revés, esto es así.

Las sensación física era bastante positiva, ya en el Puerto de los Acebuches, en el primer avituallamiento, me hidraté, miré la hora para controlar cuando comer o no, cosa que hago por primera vez de forma seria. Nos encontrábamos a unos 798 metros de altura.

Después de pasar la “tubería mágica” haciendo malabarismos y ayudando a más de una corredora a que no se descalabrara para abajo. Ya me encaminé con un grupo de 3 ó 4 corredores que iban a un ritmo llevadero y que estaban alcanzando a otro, el cual tengo referencia de otras carreras, y que nunca llego a aguantarles el ritmo de las subidas.


Entre el kilómetro octavo y catorce comienza el recreo visual, donde las imágenes se hacen impactantes. Pinsapos, el Pantano de Zahara, vegetación profunda, sombría, lluvia de poblaciones a la vista, Algodonales, Coripe, Olvera, poblaciones de la Sierra malagueña..Un día tan despejado que se me antojaba la posibilidad de ver hasta el mar con prismáticos , pero para tantos parones no puedo estar, y menos cargar con unos prismáticos. Me van a decir, “shava, ¿tú a que viene aquí? “.

 Recreo visual
 Poco que decir.
 Naturaleza pura.
 Seguimos avanzando.

Y comienza ese rodeo que parece que no terminar nunca hacia el Puerto de Las Palomas, y que es digno de placer y disfrute por cada paso que das. Había inclinaciones que llegaban al 30%. Decidí no parar, agachar la cabeza, bajar algo la Visera Tricaletera con el fin de que me ocultara esos ansiosos 1030 metros, dicho punto no es la cima en sí, pero llegas allí como si fuera una de las mayores victorias. Ahora viene un falso llano, no libre de peligro por la caída que tiene a la derecha. Se aprovecha para correr y estirar las piernas, queda el último repecho, duro, durísimo, me agarro los árboles que me voy encontrando para tener más apoyos en el ascenso. Nadie habla ya, nadie dice nada, las gracias están en los bolsillos, la “chica cantarina” que lleva una banda sonora de serie no dice nada, el jadeo respiratorio es nuestra melodía, la de los cinco o seis que estábamos a punto coronar aquella zona, el Puerto de Las Palomas, 1180 metros. Uso el avituallamiento, antes había tomado una barrita de las nuevas o dos. A pesar del esfuerzo no me veo mal. Aquí no termina la cosa, hay que llegar arriba del todo, para hacer el rodeo a la Cima del Coro, viejo conocido del Trail de Grazalema. Aunque es sendero ancho y hasta con posibilidad de correrlo, no hay prisa, toca disfrutar de esos 1302 metros. Hay que pararse, mirar, respirar, inmortalizarlo cuantas veces sea necesario.

 Aquí las piernas se estremecen

 Pero la rezompensa merece la pena
 Pero aún queda para el Puerto de las Palomas
 Avituallamiento como agua de mayo
tras la subida durísima.
 Pocos metros de comenzar descensos

 Tiempo de recuperar antes de bajar,
 para comer y beber.
 A unos 1300 metros.

¿Podríamos decir que ha terminado lo más duro? Pues no. Llega la bajada más técnica, con un nivel bastante alto de dificultad. Aquella en la que me gustaría algún día estar de fotógrafo y disfrutar de ver a los “bicharrac@s” bajar como almas que llevan el diablo, desafiando la gravedad, el equilibrio...Disfrutar de esos que nunca puedo ver. La realidad es otra, la mía y de las que nos rodean. Aquí se me va el tiempo, y se me va el tiempo porque el miedo y la inseguridad me invade a pasos agigantados. Nada mas empezar el descenso en roca, mojada, húmeda...El compañero de carrera que va delante mía, cae una vez, dos, tres, cuatro..lo mismo escuchó de otros que van algo más adelantados,”cuidado, cuidado”...El chico de dos metros de altura me deja paso de forma que no alivie la tensión acumulada de sus caídas, y yo decido poner la macha del miedo, despacito, pierna a pierna, lento, sin prisas, dejo pasar a quién quiera, todo para el que quiera adelantarme, no sé por donde, pero pueden pesar. Son casi 9 km de bajada, de carácter muy técnico casi tres que se hacen interminables.


No me paro, no me entretengo, sigo concentrado. El descenso se hace algo más ameno y mis viejas zapatillas Adidas aún me salvan la vida, en comodidad y seguridad, de las nuevas que he adquirido mejor ni hablar. Entre tanta soledad encuentro un grupo que antes adelanté subiendo, y no van muy rápidos pero me muevo muy bien ese nivel. El “ llano” va apareciendo, pero aún hay bajadas muy bruscas con piedras enormes que caen rodando al derrapar las zapatillas. De dicho grupo tengo una chica que sube bien pero baja con exceso miedo, más que yo, y eso es mucho decir. El descenso, no es lo mío, la subida tampoco jajaja...pero hay terrenos que me dan mucha seguridad. Adelanto, a dos o tres de ese grupo de referencia, pero el cuerpo me va pidiendo más marcha, y vamos por el kilómetro 19 ó 20. Cualquier incidente podría provocar que todo se vaya al traste en cualquier momento, queda mucho, para mí la parte más dura. Pero me encuentro genial en esta fase de carrera, casi cuatro horas y media en el cuerpo...

Y el cuerpo empezó a hablar.

Antes de llegar a la parte más llana, comenzó mi digestión a hacer de las suyas; gases, malas sensaciones, sudores que no eran del esfuerzo de marcha o carrera. Soy consciente, esto pasa, pensaba que se me iba a pasar, pues no, iba a peor. Miro alrededor, no hay un puñetero lugar con cierta “intimidad” en pleno abruptismo geológico de máximo nivel, terreno escarpado, trotando por una vereda de 30 cm, sin escapatoria. No puedo aguantar, hago de tripas corazón, nunca mejor dicho. Aguanto, no sé como unos 800 metros, de pronto se abre la vereda, hay algo más de campo abierto, no me lo pienso y pongo la sexta marcha de las urgencias, tipo milla urbana, el grupeto en el que estaba pensaría cualquier cosa, “¿dónde va este? “...Iba buscando desesperado un lugar donde pudiera liberar el alma y todo lo que llevara en mi interior...Y por fin entendí lo de la marca Roca, lo entendí, allí estaba, más dos metros de altura, ancha, enorme...Salté de la vereda hacia mi derecha en giro de 90º, me escondí tras ese gran “megalito salvador”. Me desnudé como un nómada, busque la forma, me liberé y respiré...Decir que tenía un reparo enorme, aquella situación era de extrema urgencia, pero el que alguien me viera... que me vieron. Pero dentro de lo peor fue lo mejor que pude hacer...Me pasó el grupo de referencia, otro y otro...Me daba igual, yo ya estaba en la gloria.


 Esta maravilla me esperaba en un avituallamiento.
Tenía la suerte de tener dueña.

Tras ese momento tan digestivo, comienzo mi andadura en solitario, intentando alcanzar los dos grupos...A punto de entrar en el km 21, donde si no recuerdo mal, creo que estaba el penúltimo avituallamiento, y una perrita que entraban ganas de llevársela. Allí veo a componentes de los dos grupos. Sé lo que queda, un llano de carrera fácil, donde intento acelerar lo máximo posible y después la odiada Covatilla. Esa subida de casi 5 kilómetro, donde la moral se te viene abajo como vengas listo de papeles. Me concentré, subí a mi ritmo, vi a la chica de Estepona la cual tenía de referencia desde casi el inicio de la carrera, pero no quería atosigarme, sé como se la juega esta subida, y ella subía genial, no podía seguirla. Y aparecieron los primeros calambres, en las dos piernas a la vez, en la inserción de los isquiotibilales, veo algunos haciendo estiramientos y parados tomando aire. Decido tomar unas sales, ¿dónde están ?...Me las dejé en el suelo de plaza mientras que me ataba los cordones en la salida. No hay sales, sólo hay que pensar en avanzar y terminar, no hay tiempo de historias. Bajamos la Visera Tricaletera aún más, no quiero ver la burrada que me queda por subir. Voy a más, me animo, desaparece ese inicio de calambres. Dejo la Covatilla pero seguimos en ascenso duro, se acerca la carretera, y el sonido de los ánimos que la cruzan. Útimo avituallamiento, tomo fruta a destajo y tiro de isotónico y agua. Quedan unos 5 km que se pueden hacer interminables, veo que puedo llegar casi al mismo tiempo de hace dos años, para mí un logro dentro de lo que es un logro para cada uno.


 
 La Covatilla.
Miramos para abajo y para arriba.
Últimas zonas técnicas.
Saltito acuático a través de las piedras.
 
Me encamino hacia el tramo de vuelta, ya sé que recorrido queda, bajada algo técnica y después terreno aceptable pero en descenso casi continuo. Dos chicos desesperados, se preguntan “dónde está Zahara por favor”, comentaban algo decepcionados. Iban caminando, les pedí paso, podía correr, me iba recuperando y tenía unas ganas asombrosas. Sobre el kilómetro 28 de nuevo me da el aviso los isquiotibiales, pensaba si me quedaría en el sitio a casi dos kilómetros y medio, podría ser o no, camino unos metros hasta encontrar el sendero de forma que relajara las piernas. Me hidrato y me pongo a correr lo más rápido posible teniendo en cuenta la tralla que llevaba encima, y mis sensaciones era muy positivas. Adelante a dos, tres, cuatro, a la chica que se me escapaba en las cuestas. Corro a gusto, con cuidado por algunos tramos muy pronunciados, miro bien algunas piedras que pueden provocar que el tobillo te lo pongas como una “L”, y sigo...Ya veo el pueblo, miro el reloj, a punto de hacer el tiempo de hace dos años, estoy superfeliz. Escucho a las personas en Zahara dar ánimos, a esos que vamos en el furgón de cola. Los “Pros” o fueras de serie ya disfrutan sentados, almorzando y tomando su cerveza de rigor dando ánimos también, ellos lo hicieron genial pero yo también voy a cruzarla me decía a mí mismo. Aún no me han cerrado la meta, veo a Chito con el micro pero de espaldas a mí charlando con alguien, hoy no doy rueda de prensa en la meta. 


 En esta zona huele genial, una de las mejores
zonas para correr. 
Dos corredores desesperados,
¿Dónde está Zahara?  
Cruzo emocionado y desbordado de alegría, con cinco minutos más que hace dos años, pero contentísimo. Dos años más en mi cuerpo, momento Roca, fotos, sin lesiones, y disfrutando de unas las pruebas más bellas.

 Carrera con corredores de primer nivel
 Mesa de trofeos
 Espectacular organización, modelo de carrera, 
ejemplo  en todos sus colaboradores.

Y grandes sorteos que no esperaba.
Tal fue así que fui premiado, pero me cogió
abajo en el coche cambiándome de ropa,ohhh
"Dorsal 395 , Fco.Javier Pérez Camino, una noche
de hotel para dos personas, Javier...Javier no está"

Javier si estaba, estaba abajo del todo
mientras se arañaba la cara escuchando la
megafonía...

Otra vez será.



Inscritos 500/550 según organización.
417 Finalizaron la prueba.
387 de la general., 6 horas y diez minutos.
181 por categorías.
Intensidad mayoritaria en el Umbral 3



 Perfectamente medida.
3582 calorías gastadas.
 Cartel de la Prueba.



 PRÓXIMA CARRERA...
III SAN SIVESTRE GADITANA EL PRÓXIMO 28 DE DICIEMBRE

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