Los que saben de correr por la montaña dicen que las carreras se ganan subiendo y se pierden bajando, he de decir que he yo las "pierdo" subiendo y bajando, pero llegando a la meta casi siempre. Por cierto, ¿ tengo algo que perder o ganar?
La prueba tuvo diferentes enfoques según la lectura del participante. Hubo una en plena de carrera de disfrute y dudas, otra perspectiva a la llegada de meta:"Pufff vaya mierda de tiempo". Y por último, un regusto que se asoma con el paso de los días.
Esta prueba es una pasada, es dura, no es fácil, pero maravillosamente visual, mágica y entretenida. Muy bien organizada, con avituallamientos más que aceptables, con voluntarios que dejan sus horas el frío de la sierra, y con detalles importantes en todo el proceso de carrera. Se ha convertido en prueba puntuable de la Copa Gaditana y Campeonato Provincial Individual FAM de Cádiz, no es poco.
De nuestro gran Club de Bajo Rendimiento solo se presentó un corredor, este que les habla, y es que dicha entidad se encuentra en horas bajas, seguramente seremos muchos más, pero, en el otro mundo.
La temperatura de tres grados me hizo parar el coche, a horas tempranas, para dejar en zonas campestres cercanas al Bosque, un exceso de hidratación que no podía contener. Al salir del vehículo la hidratación sobrante dio paso a estalactitas de ácido úrico, primer sufrimiento.
Tras aparcar, desplazamiento hacia la Plaza de Toros, recoger el dorsal y observar que no conocía de vista a nadie, pero a nadie. Cosa que tampoco me preocupaba, ya que me vuelvo un tipo muy introvertido en estos eventos, pero, la verdad, por mucho que miraba, dudaba hasta donde estaba.
Me preparé para el corralito, allí andaba el gran Chito, animando a destajo al personal que andaba helado de frío. Me pareció genial el control inicial de materiales de cada corredor, y tras ello...salimos.
La salida dejó mucho que desear en algunos corredores, más aún cuando estábamos subiendo las calles estrechas de la bonita localidad del Bosque. Todos pegados, mascarillas quitadas, esputos volando, toses sin frenada, una verdadera fatiga e incomodidad para los que aún llevábamos protección.
Encaminados hacia el inicio de la ruta del Majaceite me encontré bastante bien con los ritmos que veía entre los corredores. Un grupo de chicos, más jóvenes que yo ( cada vez son más jóvenes ), marcaban ritmos interesantes y me enganche a ellos. Sumando los primeros kilómetros, no me encontraba mal, ni piernas cargadas ni nada, perfecto.
Tras la primera ascensión comienza el carrusel de piernas apretadas, de frenadas y de sacar la cámara.
¿Oíga? ¿Usted no corre? Me preguntarían
Mi grupo de referencia lo tenía a la vista, pero de nuevo, me cautivo el color, el olor y las sensaciones que sufro en carrera.
Los tiempos se olvidan, las horas , los que pasan por delante y por detrás. El derroche de coloridos e imágenes me superan. Me paro una vez, me paro otra vez y me vuelvo a parar, se me olvida que ando en una carrera.
Pasado los Llanos del Campo. El Torreón para saludar
Cuando me doy cuenta, veo que me he quedado descolgado del grupo simpático, creo que era kilómetro octavo o noveno. Me engancho a corredores sueltos que los ritmos no son tan alegres. Sigo grabando imágenes perfectas en carrera y los sigo perdiendo, alguno me dice en carrera ( yo iba a tomar imágenes también )...¿Y quién te lo impide?
Comienzo un largo tramo a trote solitario, nunca había tenido una sensación tan prolongada de soledad, no veía a nadie, ni escuchaba pisadas...Perder no me había perdido, al poco tiempo, y a unos metros de comenzar la subida al pico del Albarracín, decido ajustarme los cordones de las zapatillas nuevas, geniales en toda regla, todo un acierto La Sportiva. Tras dicha tarea, comienzo a subir y cuando comienzan los jadeos veo los corredores de la prueba corta, lugar donde nos cruzábamos, por fín, veo personas. Los jadeos fueron sumándose, ante tan brutal subida, es tremenda su inclinación... Cuando me doy cuenta, veo que uno de los recipientes de agua se salió de la mochila al amarrarme los cordones. Me paro, pienso y me cago en mi fortuna. Pues nada, a bajar, mientras todos subían, esto es un remate de las buenos. Tras coger la preciada botella, vuelvo de nuevo a la subida, bajo la visera Tricaletera, donde se muestran las mejores caras pero, en ocasiones, nos ayuda a no levantar la mirada de la zona fija, como un "no levantes la cabeza" que te quedas en el sitio. A mi ritmo, comienzo a notar que no voy ágil de piernas en esta subida. No me paro, voy lento, pero avanzando, las pulsaciones bien, la respiración mejor, pero las piernas tenían poca arranque.¿ Alimentación? Pues sí. Tras coronar, y recrearme al gusto del frío, del sol y de las vistas, comienzo el descenso lento...Y tengo la sensación que las piernas me empiezan a temblar más de lo normal, sudores excesivamente fríos, algo no andaba bien, simplemente porque no me había pasado o ya no lo recuerdo. ¿Leve pájara? No lo sé, pero eran sensaciones que no me agradaban. No lo dude, me aparté, me puse a andar, y saque la primera barrita energética ( decidí no tomar geles), tiré también de sales, eso sí caducadas, pero estaban ricas...jjajaj. Durante unos 15 minutos andando, donde realmente se puede correr, me fui recuperando y comencé a correr, a correr y a correr en descenso.
Las buenas sensaciones volvía, pero no dudaba en pararme y tomar imágenes cuando tocaba. Ya no tenía referencia de nadie, no sé si iba mal, muy mal o si me cerrarían la meta.
Intenté recordar el tiempo de otros años y la zona por donde iba, y seguía animándome en la bajada, las zapatillas me daban seguridad, me encontraba con fuerza. En cada avituallamiento retomaba fuerzas, porque sé, que podría caer de nuevo en lo mismo. Tras un momento de aceleración, nos frenamos por una resbalón de un atleta invidente, acompañado de guías. En ese momento, me frené, me paré, me impresioné y reflexioné...Ni se te ocurra pedir paso, disfruta y mira de lo que pueden llegar a hacer. Hasta que no se ensanchó el camino y no me lo dijeran no iba a adelantar, podría ser una estupidez, pero me parecía tan ridículo, pedir permiso para adelantar a una situación tan impresionante, que la decisión mejor era seguir viendo como ese engranaje de tres personas que provocaban una situación fantástica de movimiento valiente.
Quedaba el remate final, la subida a los parapentes. Esos 760 metros de altura, que tienen una mala leche en su inclinación que te tira por tierra todo lo recuperado, a sabiendas que quedan unos míseros cinco kilómetros de meta. Sin parar, tiré hacia arriba, como podía, no iba mal, otras ediciones la he subido mucho peor, pero no termina nunca, y no terminaba...Y llegas a los parapentes, y ves, disfrutas y grabas, y ves como vuelan...Pero amigo, aquí no finaliza, sigue hacia arriba esa inclinación tortuosa.
¿Esto no se hace antes de la carrera y en los entrenos? Sí, pero yo soy de otra especie, es la que hay.
Entro en el pueblo y tras ver el tiempo de meta, se me cambia la cara, suelto un vaya mierda mental, que no me hace sentir bien, mientras que Chito me da ánimos en la entada.
Tras probar ese arroz tan magistralmente hecho, fui viendo la cosa de otro color, ¿ Y lo que han disfrutado mis ojos y mis emociones?
Pues, eso me llevo, y así lo cuento para ti.
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