Entre tanto nivel, entre tanto Teledeporte, entre puntos clasificatorios y entrenos de calidad, nos encontramos un grupo "selecto" de verdaderos "papafritas de la sierra", y entre ellos, nuestro Club de Bajo Rendimiento Coelhoahí. Este club selecto, difícilmente, lo verás en puestos altos o medios de una clasificación, ni estarán hablando de sus entrenos de calidad...Más bien, hacen actos de presencia a estas pruebas con esa cara de duda de "qué hago yo aquí si no he pisado en la sierra salvo el otro día para comerme dos huevos con papa", también se presentan en conversación con un "ojalá termine" y de premio, si llegan, puede que tengan dos lavadoras que poner al llegar a casa.
Ellos saben quienes son, porque cuando la cuesta se empina o las bajadas peligran la vida, aparecemos como un rebaño de comprensión mutua.
Pero esos que terminan bajo la bocina del silencio de la meta, duplicando o triplicando las horas de los "semiprofesionales" e incluso provocan atrasos en la entrega de premios o de trofeos, tienen toda mi admiración. Terminan arrastrados, con un desgaste físico excesivo pero con la misma cara de felicidad y con los mismos pasos dados que aquellos que le ganaron al tiempo, y todo eso lo cumple el que les escribe.
Esta prueba es una locura, un placer, una mezcla tóxica entre un quiero y no puedo, entre un puedo y no quiero, entre un no llego y me retiro o una retirada que nunca llega. El Trail de las Palomas es así, un bella carnicería, un machaque constante de tus articulaciones, la catapulta de tu espalda baja, de tus tobillos o rodillas, pero , a pesar de todo, muchos de los que vamos, vivimos completamente enamorados de ella.
Siempre se repite lo mismo, es mi última vez, pero ya van tres. No te volveré a ver, pero se acerca la fecha y se convierte en el mayor deseo.
El Club de Bajo Rendimiento se presento de nuevo con un representante, cosa que ya va siendo habitual. Tras llegar a buena hora y sin un excesivo frío pero con un viento que recuerda las mejores tiradas en Cortadura con Levante, me dispongo a prepararme. Tras la recogida del dorsal y bajar al coche para cambiarme me comienzo a entretener con el paisaje, con la visera que está a punto de salir volando, y del cambio de cortaviento a última hora, con todo ello me pierdo la fotografía inicial.
Faltan 10 minutos para la salida, reviso todo, Lori Meyers suena a destajo en plaza central, Chito pone las pilas más cargadas aún, me ubico al final y salimos con la duda de donde nos llevará este camino, el cual ya voy conociendo mejor.
Tras el Trail del Albarracín sufrí algún problemilla que llevo arrastrando en el zona del glúteo derecho y espalda baja, ligero síntoma de lumbociática, debido al machaqueo del Bosque...Sé, lo sé, lo más sano, lógico y coherente era no acudir a Zahara. Debo reconocer que hasta lo pensé dos días antes...Si estas regular no vas a la mejor sesión de masaje y baños...Mentalmente me hice un contrato, a la primera molestia abandonaría la carrera.
La bajada del pueblo sigue siendo igual de emocionante, se respetó bastante bien la protección de mascarillas, poco a poco nos fuimos quitando las mismas, para poder llevar una decente respiración.
En dicho tramo de arranque donde poco a poco nos vamos a adentrando en una falsa subida comienzo a ver caras que me suenan de Cádiz, concretamente dos chicas de Cádiz, también a Luisa de Gadeiras, y en ese grupo de bastantes corredores me quedo hasta el primer avituallamiento, lo que sería el sexto kilómetro.
Pasado el avituallamiento presencio el primer accidentado en la zona de las tuberías. Alguien había dejado algún diente unido con un fuerte golpe en la cabeza, el corredor estaba atendido. Las sensaciones iniciales eran muy buenas, pensé que que con el grupo que iba y las pocas paradas que estaba haciendo, lo mismo mejoraba un poquitín los tiempos tan amplios de otros años, partiendo de que iban a ser amplios de por sí. Es como decir, a ver...dentro de los últimos, pues a lo mejor quedas delante del último, el penúltimo o antepenúltimo, yo me entiendo.
Siguen las buenas sensaciones, encaminados hacia el interior de la montaña, el viento era tremendo a medida que entras al descubierto de la montaña. Me permito pararme para tomar alguna imagen y observo que el terreno está más seco de lo habitual, así como la vegetación, el verde frondoso ha desaparecido en muchas zonas. Los corredores pasan y levantan el polvo, la tierra seca, resbala del poco agarre, poca humedad y terreno muy duro, durísimo, sorprendente. Comienzo a palpar un exceso de piedras ( como cabeza de personas ) por los tramos del camino, no recordaba tanto, excesivo, parecía como si alguien hubiera agitado desde arriba y las había dejado caer, había que agudizar la concentración, una caída en esa zona puede acabar con tu cuerpo a varios metros en vertical. Recupero grupos cuando me paro a tomar imágenes, pero me prometí no abusar de lo mismo, ya que me produce un desgaste excesivo. Antes del décimo kilómetro alcanzo unos corredores que llevaban en su móvil música interestelar, no del festival, sino con un sonido espacial en bucle, que se mezclaba con el levante, la paranoia era inmensa, ya que el sonido se iba repitiendo en ciclos de 30 segundos...Una tortura.
" Ole los Tricaleteros güenos, esos son lo güeno caraho, venga pa arriba, vamo cohone, ole los Tricaleteros, vamo que ya estás ahí".
Los buitres leonados se asustaron ante tales gritos de ánimos y se alejaron de la zona... Empezaba la subida con una sonrisa en la cara y un descojone en pleno, que me hacía tener menos fuerza para la subida pero más grande era la sonrisa que llevaba. Mientras, me agarraba a los arbolitos para tomar impulso, me iba "meando" de risa en soledad, pensando ante tanto "mahareta divertido" que hay por ahí suelto. Magnífico.
El avituallamiento era una feria, comí, bebí y repuse. De ahí hasta el Cerro de Coros donde tocaba recrearse, si no te paras ahí y miras, te pierdes el 70% de carrera.
Tras relamerme arriba comienza a una de las bajadas más peligrosas, no llovía, no estaba húmeda pero igual de arriesgada. Pongo el mecanismo de "cagalera" y voy bajando como puedo, mejor que otros años, y con mayor seguridad. Otro tobillo que veo de otro corredor que se va...El terreno seco, con más piedras, y más, y más...Enlazo con un grupito que me permite incorporarme a su ritmo e incluso superar a alguno de los corredores...Pero, ocurre el primer aviso, tras un machaque constante de bajada, que no acaba, me doble el tobillo izquierdo y caigo. Me paro, me analizo, me ajusto las zapatillas y cuando termino, me pongo en marcha y me doblo, inmediatamente el derecho, increíble, no era grave, pero iba molesto . No sé si había una cámara oculta, pero el que me viera, lo iba a flipar ante tal espectáculo circense. Decido tomar sales e hidratarme bien, las piernas están muy cargadas pero no tengo sensación de fatiga. Continuo solo y veo un corredor sentando dándose un masaje en los tobillos, dice que va reventado, pero que puede seguir. El terreno se pone más seco y más pedregoso, con mucha inclinación, con subidas y bajadas que me matan, pero que intento superar de forma animada.
Me alimento de nuevo, gases, recuerdo la última edición que me tuve que parar en alerta máxima, no quería repetir el numerito, además estaba en la misma zona, se alivió. Se nota cuando no tomo geles, tras probar diferentes marcas el mejor para mí se llama, ninguno. A base de barritas y avituallamientos voy nutriéndome, como el que llegó cerca del kilómetro 20.
Me repongo bien y sigo mi bajada para enlazar con la zona del río Arroyomolinos. De nuevo un descenso muy brusc0, con muchísimas piedras que patinan, patinan tanto que resbalo con ambas piernas, abriéndome en canal, haciendo frenada con el talón de las manos. Veo que no es nada y sigo con algo más de cuidado. Tras bajar, comienza un trayecto muy incomodo de grandes rocas y piedras antes de cruzar el riachuelo. Escucho voces delante y creo que puedo alcanzar a los respectivos, miro el reloj, y en un segundo, en ese instante de despiste, doy con la puntera en una gran roca y me caigo de boca, por derecho. Gran "carajazo", de los grandes. Caigo en un terreno bañado de piedras, mi grito se escuchó hasta la meta. Me quedo unos segundos boca abajo, sintiendo que la mano derecha, la zona del ombligo y la rodilla izquierda habían sido el freno de mi cuerpo, viendo como también, la visera Tricaletera tocaba la roca que casi rozaba mi frente, si no la hubiera llevado no sabría dónde hubiera dejado la frente. Tras sentarme, escucho un "¿Estas bien?", digo que sí, pero no sé ni a quién le contesto. Me incorporo y veo que la rodilla izquierda estaba con dos heridas y ya se ponía como "una papa", mi barriga arañada, dolorida pero bien y mano derecha con un raja llamativa que sangraba de forma alegre, pero que tras el análisis detallado pensé que no era para tanto. Me dolía todo el cuerpo, ese efecto "carnes despegá", ahí lo llevaba. Me puse a andar y lo primero que se me pasó por la cabeza fue que mi tercera edición no la terminaba y que alguna vez tenía que ser, sobre todo por lo que me quedaba aún, para mí lo mas duro.
Kilómetro 20, me alcanzan varios y una chica de Cádiz, que siempre nos vemos corriendo, pero no recuerdo su nombre ahora. Paso esa zona tan horrible de piedras y me pongo a trotar para probarme y restar algo de tiempo a lo que se me viene, la subida a la Covatilla, lo peor de lo peor. Y así fue, lo peor de lo peor, el camino se pone en modo vertical, esa escalera sin peldaños...De nuevo me alcanzan subiendo, uno, dos, tres y muchos más. Me quito cuellos, visera, estoy agotado, con la rodilla jodida, hace calor, y comienzan calambres en los isquiotibiales y en la inserción de los mismos. Curiosamente, siempre me ocurre lo mismo en esta zona, mismos calambres, tiempos parecidos...¿ El cuerpo tiene memoria? Y tanto.
Subo la Covatilla como puedo, se me hace un muro infinito y como conozco el recorrido, conoces lo que te queda. Del kilómetro 23 al 25 se me pasa por la cabeza dejar la carrera. Las piernas comienzan a no funcionar bien, no estoy agotado, pero tengo calambres, la rodilla está hinchada. No se me cae el alma por tirar la toalla, pero a la vez, sabía que mi cuerpo se iba a recuperar. Recuerdo que me queda una sal aún, la saco y veo que está rota la cápsula por la caída, recojo el polvillo como puedo de su ubicación , cualquiera que me viera parecía otra cosa e ingiero el polvo de aquella manera, como si fuera un "enganchado de la montaña"...Me paro en el último avituallamiento y tras retomar líquidos...Miro el reloj y pienso que voy a quedar igual o peor que hace dos años, me importa poco, pero sin querer te desanimas...
Sorprendentemente, las piernas se recuperan algo, y comienzo a superar corredores, ya no recuerdo la primera caída, ni la segunda y la tercera ni la pienso. Comienzo a bajar, en un terreno muy duro, ya verás la espalda cuando llegue a Cádiz ( ahora mismo estoy como una alcayata). Ya en terreno propicio para correr de forma más cómoda, no lo dudo, voy como una moto, no sé donde saqué la fuerza...Me pregunta un chico desesperado que cuándo termina la carrera, le dije un " tu ni lo pienses..."
Llego al pueblo en carrera, en su zona baja, bajo la marcha y subo andando con más energía de lo esperado. Miro el reloj y veo que voy a mejorar mis míseros tiempos, en casi 15 minutos desde el último año, y casi dos años más viejo. Mientras ascendía por las calles llenas se escucha el vibrar del pueblo, el animo arrugado y bonito de las señoras mayores asomadas al balcón dando palmas a todo el que pasaba. La calle principal es una feria, todos aplauden, da igual en que puesto llegues, crucé la meta mientras me chocaba la mano Chito y me decía Javi...Bicharraco.
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